miércoles, 30 de marzo de 2011

Comedores de mierda

Hay una actitud que empieza a revolverme el estómago. Se trata de la queja continua y reiterada por sistema. Porque toca. Para victimizarse así mismo o para inculpar a otros de las desgracias propias.
Cuando un tipo te repite todos los días lo mal que está todo. Las ganas que tiene de cambiar de curro, de novia, de coche, de piso, de talla de pantalón, etc… Y luego ves que no es capaz de emprender una sola acción para llevar a cabo alguno de esos cambios. Es más fácil quejarse. La consecuencia es que se vive amargado. Y se amarga a todo el entorno.
Soy consciente que hay aspectos de la realidad personal de cada uno difíciles de cambiar. Pero no me merece ningún respeto aquel que siendo consciente de las cosas que le gustaría cambiar en su vida, no hace nada para ello. Aunque no lo consiga. Lo mínimo exigible a uno mismo, es intentarlo.
Total. Me da rabia toparme con elementos así. No por la actitud que tienen ante la vida. Más bien por su empeño de compartir sus desgracias conmigo. Que me dejen en paz. Intento escuchar al que lucha. No al que ya está en el fango, alimentándose con su propia mierda. Esperando el golpe de gracia.

domingo, 27 de marzo de 2011

Caminante no hay camino...

Las piedras se hacen dueñas del camino. Deja de ser un camino de rosas. Para transformarse en pedregoso camino. Al principio cuesta acostumbrarse. Pero con el paso del tiempo es la superficie normal. No por ello cómoda. Pero por la que toca avanzar. Sin tramos asfaltados. Sin escaleras mecánicas. Sin sombras dónde cobijarse. Solo piedras.
Por compañía llevas recuerdos que son afilados. Peligrosos. De poco fiar.  Juegan con los sentidos para transformar las emociones vividas. Cambian con el tiempo. Moldeando cada situación, arrancándola del contexto, para violar su sentido original.
Sigilosamente te roban lo que creías tuyo. El pasado no tiene sentido si no hay nadie que lo comparta. En este punto, tanto da que sea real o ficticio. Si nadie puede corroborar su autenticidad.
Te pueden dejar vacío y no enterarte ni tan siquiera de qué es lo que se han llevado. Puesto que no distingues lo que era tuyo de lo que no.
Y da mucha rabia tener que andar por tan amargo camino.

viernes, 25 de marzo de 2011

Escrúpulos

Por lo general la gente es bastante irrespetuosa con las cosas que no entiende. Les cuesta asimilar un sentimiento o una situación que no han experimentado nunca. Se tiende a frivolizar sobre el tema, quitándole importancia. A menudo con mal gusto.
Soy escrupuloso. Es lo que hay. Me produce cierto asco determinadas situaciones. Casi siempre ligadas con la comida. Por ejemplo, que alguien manosee mis cubiertos antes de comer.
Cuando la gente se entera suele hacerle mucha gracia y les falta tiempo para ponerme a prueba. Todo muy divertido. Un juas juas que te rilas. Se le puede tocar los huevos de tantas formas a un tío escrupuloso, que parece inevitable no hacerlo. No se respeta.
Lo que me da rabia es que parece que esté mal visto que me pueda ofender por ello. Una broma es una broma. Y hay que aceptarla como tal. Pero que la intención sea inocente no quiere decir que el resultado no pueda molestar. Y más con algo que a otra persona le importa. Y a mí me importa, y mucho, comer tranquilamente.
Lo mismo que respetamos a los enfermos físicos o mentales. Que procuramos no recordar a nadie sus situaciones dolorosas. O que no mencionamos la promiscuidad de la madre de otro. Debemos respetar a los escrupulosos. Y si por alguna razón que no alcanzo a entender, no se puede hacer, que nadie se sorprenda si me cisco en las cuencas de los ojos de sus difuntos.

El tonto y el perro

Erase una vez un tonto que quería tener una mascota. Como los perros son el mejor amigo del hombre. Decidió que quería tener un amigo. Así que después de darle vueltas decidió comprarse una perrita, muy mona por cierto, y joderles la existencia a todos los vecinos. La decisión la tomó solito. Pero las consecuencias las pagamos todos los vecinos.
El sujeto vive solo y trabaja doce horas diarias. Incluso los fines de semana. Así que ya os podéis imaginar el percal. La pobre perra todo el día sola en el piso. Se pone a llorar y a ladrar. Un día tras otro. Como mínimo hasta que decidí cambiarme de piso. Seguramente todavía siga la misma cantinela. Pero eso no lo sé. Y poco que me importa.
Lo que me molesta de la situación es que yo también había pensado en adoptar un perro. Pero también vivo solo. Y me daba pena que el animal estuviese tantas horas solo. Reprimí mis ganas porque la decisión no afectaba solo a mi persona. También afectaría al perro. Y lógicamente también le afectaría a los vecinos.
Yo tomé una decisión responsable. El tonto del cipote del vecino no. Pero a fin de cuentas pagué las consecuencias más que él.  Bueno yo  un puñado de vecinos que a estas alturas se estarán medicando por la falta de sueño.